Escrito en el blog

14/06/2012

Sueño de rojo verano

Filed under: Sin categoría — Stella Maris Roque @ 17:15

*Por Guillermo Atienza

En un rincón de esos que uno tiene dentro, me aparece una luz algo difusa y débil que tiene ganas de tornarse clara y luminosa, entonces uno gira la cabeza de lado a lado buscándola, mientras que lo que encuentra, entretanto, es un paraguas que frena al tiempo; y mientras respiro lentamente a ese tiempo de pasos lentos, éste se nos presenta sin importarle de luces enceguecedoras ni de sombras pintadas en nuestros cuerpos, y así me va sumergiendo en otra dimensión, donde ahora me encuentro.

Será que es en lo profundo de la noche y seducido por los hilos de un destino, tal vez ya tejido que es donde uno encuentra la guía hacia un final que mis ojos no lograrían trazar nunca, pero mientras que se los recorre, el corazón lo disfruta y los músculos a los cuales gobierna también, es porque se siente que se está en un camino que apunta hacia la levedad y hacia un lugar de sonrisas verdaderas, sin importar si son tuyas o son mías.

Es desde allí, donde aparecen imágenes que ahora, con mis ojos cerrados, quisiera se asomasen aun más vívidos y coloridos; sí, jugando con los acordes que la música impone en un espacio curioso y espontáneo que se me aparece tocándome todo lo que imagino alrededor mío, y que con una bruma blanca me lleva a recorrer por fantásticos paisajes, veloces ellos al principio se me pasean, y lentos al final, para así quedar pausado en deseos que aún no conocía. Paisajes, reviven los pictóricos jacarandaes florecidos de una primavera toda lila, cual entregó sus entresombras algo tímidas alguna vez, pero que supieron encenderme con sus aromas joviales de húmedos marrones y de sinceros verdes.

Pero, ¿en dónde estoy, qué es todo esto, dónde me encuentro? Sólo sé, desde donde me veo, que es un paseo donde descanso mientras navego entre este mar de flores que me lloran su sensualidad, y que guiado por el reflejo de tus miradas que me iluminan como estrellas; despliegan dentro mío más colores de los que la misma primavera haya llegado a pintar en la mejor de sus inspiraciones. Y me quedo allí, hasta que finalmente, una brisa que me va abriendo los ojos, me va despabilando sigilosamente de esa vigilia para transformarlo en tus manos tibias y llenas de piel, y en tu cabello de rojo fuego prendido sobre mi pecho, presentándose todo sobre un colchón de algodón donde sólo florecen palabras claras, silenciosas, que caen desde el cielo y que terminan en cosquillas que me dicen desde mis pies hasta mi frente, que te estoy amando con todo el cuerpo, desde este rincón que es mi corazón, y que se acaba de despertar después de tanto tiempo.


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