Escrito en el blog

22/12/2011

Soplo sombreado

Filed under: Poesías — Stella Maris Roque @ 11:05

*Por Maga Dapas

 

Tarde

fragmentada en contados ayeres

esparcidos entre cúmulos

subterráneos.

Tarde

ansiosa del crepúsculo

enamorada de su arte

imperfecta.

Tarde

de los párpados de septiembre

de ruinas sagradas

casi siniestras.

Tarde

enigma en sepia

envuelto en un sueño volátil

y eterno.

Tarde

el murmullo inevitable

de un puñado de estrellas:

su rumor,

entrada al laberinto nocturno

un paso

y el silencio.

*Maga Dapas es poeta y correctora de textos. El dibujo fue hecho por Isabella Dapas (realizado con tonos pasteles al óleo).

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12/12/2011

Burbujas

Filed under: Sin categoría — Stella Maris Roque @ 11:49

 *Por Estefy Luszman

Esa burbuja iridiscente e inquieta volaba por el cielo esquivando cualquier superficie que pudiera romperla. Llevaba tanta tensión en sí misma que intentaba no cruzarse ni con un suspiro ni con un soplido. Iba sola, pero con un rumbo: llegar al parque de las burbujas. Ahí se iba a encontrar con otras iguales o parecidas a ella. Giró por una calle, luego por dos más hasta que, de lejos, vio a las burbujas pululando dentro de un parque en el que no había nada que las pudiera romper. Ni un árbol, ni una planta, ni siquiera una persona. Era un parque vacío, pero lleno de espacio para que pudieran estar tranquilas. Las veía unirse o chocar entre sí para luego deshacerse en miles de pedazos, otras jugaban sin tocarse, pero había una, fue la que le llamó la atención, que estaba suspendida en el aire como alejada de las demás. Parecía inmutable, todas pasaban por al lado de ella y no se movía ni un centímetro, parecía una esfera que no se iría a deshacer ni con un estornudo. Movida por la curiosidad se acercó a la burbuja inmutable y la miró. Ella no se daba cuenta. Le dijo: “Hola, soy burbuja inquieta” y la otra la miró y le respondió, pero siguió en su mundo. Parecía que de sus ojos iban a caer lágrimas. Burbuja inquieta miró a su alrededor, si tan sólo pudiera encontrar algo que la alegre, pensó. Y tuvo una idea. Volvió a acercarse y le dijo:

-Si pudieras levantar tu mirada para verme descubrirías cómo sos.

-¿Qué quiere de mí? –preguntó

-Sólo quiero que me mires.

Entonces burbuja inmutable levantó la vista para mirar a la otra burbuja y se quedó petrificada mirándola.

-Me puedo ver en vos –dijo burbuja inmutable.

-Sí, nuestra iridiscencia es como un espejo…

Burbuja inmutable empezó a sonreír, a moverse de un lado hacia otro, siempre mirándose en la burbuja inquieta. Estaba más animada. Entonces, burbuja inquieta también se empezó a mover y sin darse cuenta jugaban a mirarse sin tocarse, es que si se tocaban se rompían. Jugaron a las escondidas, charlaron y pasearon por el parque… Empezó a caer el sol y burbuja inquieta dijo que tenía que marcharse. Burbuja inmutable la miró con un dejo de tristeza y le preguntó si podía ir con ella, a su lado. Le dijo que sí y juntas fueron por una misma línea invisible e infinita por calles vacías de gente, mirándose de a ratos, charlando y riendo. Estaban cada vez más cerca, casi que se podían rozar. Antes de despedirse, burbuja inmutable le dijo –gracias, hoy en el parque te miré y no sólo me vi a mí, sino que vi el brillo de tus ojos y de eso jamás me voy a olvidar. Burbuja inquieta se puso nerviosa y se movió de tal forma que se chocó contra un costado de la otra. Ahhhhhhhhhhhhh, gritaron al unísono, mientras se deshacían e iban dejando una estela de colores luminosos que parecían lágrimas y sonrisas a la vez, en aquel atardecer gris de ciudad.

*Estefy Luszman es editora.

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