Escrito en el blog

29/08/2011

Apocalipsis diario

Filed under: Poesías — Stella Maris Roque @ 21:30
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*Por Magalí Dapas                                                                                                                                                                                     

Murmullos crueles

simulan que todavía hay vida,

cuando realmente sé que me inunda

la nada.

Obstinados susurros

llegan como una aguja

para perforar mis oídos

y ensangrentar

mi fatigada conciencia.

Conozco esas calles desiertas,

los oasis de todas las mañanas,

los ruegos de cada noche,

las soledades multitudinarias,

el consuelo de la utopía,

el valor inútil de todas las cosas,

el fraude del amor,

por eso intuyo

que estos pasos

inventan notas maquiavélicas

seduciéndome con sus acordes,

para que invente,

para que imagine,

para que crea.

No.

¿Cómo puede ser que esta sumisa brisa

estando en extinción

colme mi cuerpo?

Pero… ¿qué son esos latidos

si en el mundo no caben ya

corazones?

¿Y quién se atreve a respirar

así, disparatadamente,

si escasea el oxígeno?

Díganme:

¿quién está tocando mi puerta?

¿quién dibujó esa rayuela en la arena?

¿quién se pinchó con una espina

si ya no hay rosas en mi jardín?

No me oculten

que alguien todavía vive

que alguien asesinó a la Muerte

que ese alguien

aún se asila en mi memoria…

Estoy mirando por la vieja mirilla

y entre telarañas inmortales

diviso aquellos ojos

su parpadeo frecuente

de exactos doce segundos…

Mi mano

en un vano reflejo

gira el picaporte:

no esperaba más

que su sagrada existencia.

*Magalí Dapas es poeta y correctora de textos.

El dibujo fue hecho por Isabella, hermana de Magalí.

15/08/2011

Monserrat

Filed under: Poesías — Stella Maris Roque @ 13:35
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*Por Adriana Greco

Me sorprendió una calle

Mirándome de espaldas

Restallando en las baldosas violáceas y húmedas

Me sorprendió la esquina inmóvil

Eléctrica de luna

Siniestra voz de pájaros posados en alambres invisibles

Casual revoloteo estepario

Encumbrados picos sosteniendo la miseria

Me sorprendió el malvón, las macetas y las ratas

Todos ataviados del saludo nocturno

Seco

De ojos sabios y nervaduras insolentes

Siseo quejumbroso es el paseo agonístico

Suave muerte para el que desnudo viaja

Claroscuros de sombras chinescas

Sobre techos de chapa

Fuerte, fatal, inmune

Así es el destierro

 Me sorprendió el baldío

Negruzco y sublime

Tanteado con las manos

Su aire voluptuoso

Simple atmósfera de manicomio gratuito

Acontecimiento ignorado que golpea nauseabundo los portales

Sos el absurdo más querido

De todos los absurdos permitidos

Me sorprendió casi todo

El estar mudo

Y permanecer gritando

Dando vuelcos incontables

Ser tan tierra, tan empedrado

Tan grillo

Estar en comunión eterna con la danza

Ser el salto inaccesible que se mira descreído

En el aire

Ya en el aire

Suspendido.

*Adriana Greco es correctora literaria y de estilo, blogger, redactora de contenidos web, estudiante de letras en U.B.A

Su blog es http://www.correctoresenlared.blogspot.com/

05/08/2011

Estancamientos

Filed under: Cuentos — Stella Maris Roque @ 14:01
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*Por María Mercedes Benvenuto

La pregunta era clara, la respuesta llegaría en escasos momentos. No sabía bien qué le sucedía, pero estaba seguro de que eso era normal. Esperaría, sí, esperaría, porque sabía que, en el fondo, todo lo que pasaba, pasaba y debía ser paciente. Miraba el reloj, se le hacía tarde para eso que era tan importante, pero no le quedaba otra que esperar que se le pasara. Hundió sus manos en esa cosa y le dio mucha impresión, entonces quiso ver si podía tocar sus piernas, quería tocarlas y no las encontraba, parecía que no estaban ahí. Movió su cabeza hacia la derecha y hacia la izquierda, pero no pudo: se sentía aprisionado, muy aprisionado.

De fondo, una melodía suave comenzaba a sonar, pero ¿de dónde venía? La música se hacía cada vez más profusa y sus oídos no la soportaban más. La paciencia se le había terminado, quería escapar, no tenía salida, estaba atrapado. Cuando todo parecía acabar, ahí estaba parada ella, mirándolo, con una sonrisa en la cara. ¿Acaso esa era la respuesta que tanto había buscado? De repente, se sintió libre, movió sus piernas y, por fin, pudo sentir que las tenía. Esa cosa que lo mantenía prisionero comenzó a desplegarse poco a poco. Dio unos pasos, refregó sus ojos para comprobar que veía, pellizcó sus manos para cerciorarse de que no soñaba.

Cuando todo estuvo en orden volvió a mirar la hora, parecía que los minutos pasaban tan lentos, que sintió que debía aprovecharlos. Ella ya no estaba, pero la respuesta había llegado; salió corriendo a buscarla antes de que se le escapara.

*María Mercedes Benvenuto es correctora de textos y escritora.

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